Libro apócrifo de Adán y Eva
En nuestro estudio del libro apócrifo de Adán y Eva seguimos descubriendo datos desconocidos hasta ahora por los creyentes, los secretos que nadie quiere que sepas se remontan a un apócrifo más religioso que ateo. Seguimos dándonos cuenta de algunos datos muy llamativos, como es el capítulo 34. Adán en una oración a Dios hace referencia a los cuatro elementos.
La creencia medieval de que sólo había cuatro elementos, fuego, tierra, aire y agua fue ampliamente aceptada hasta alrededor de 1500 AD, cuando la actual teoría atómica se hallaba en sus inicios. Por lo que es sumamente extraordinario su habilidad para el conocimiento de que existían esos elementos en el entorno. Entonces, en su oración, Adán narra minuciosamente la creación, como si hubiese estado presente de algún modo para verla, incluso narra lo que ocurrió antes de su propia creación. Está claro que alguien tuvo que contárselo, pero si no fue Dios mismo, tuvo que ser otro ser humano, lo que respalda el hecho de que Adán y Eva era imposible que estuvieran solos en el mundo. Otra cosa que desconcierta aún más es el hecho del conocimiento de Adán en el horario y los días de la semana. En el Neolítico no se poseía tal conocimiento, de modo que era imposible que él lo supiera, esto nos hace ver que el texto fue escrito o traducido muchos años después de la existencia de Adán.
"Oh mi Señor, mi Dios, y mi Creador, que mandó a los cuatro elementos, los cuales se reunieron por tu orden-. Entonces levantaste tu mano y me creaste de uno de ellos, que es el polvo de la tierra, luego me llevaste al jardín a la hora tercera, un día viernes. Entonces yo no conocía el día ni la noche, porque tenía yo una naturaleza brillante, y por el brillo que tenía no sabía de estos Luego, una vez más, oh Señor, que me creaste a la hora tercera, me trajiste a todos los animales, a los leones, avestruces, las aves del cielo y todo aquello que se mueve sobre la tierra, que habías creado antes que a mi, a la primera hora."
Libro de Adán y Eva, capítulo 34, apartado 4-7
En las primeras épocas de la humanidad, cuando los seres humanos descubrieron el ciclo solar, se dieron cuenta de que se podía medir el tiempo transcurrido y la edad de una persona por la cantidad de pasos del invierno a la primavera que había vivido.

"Fue que en la hora tercera del día viernes, que me creaste, me diste mandamiento sobre el árbol al que ni debía acercarme, ni comer de su fruto , porque me dijiste “Cuando comas de el fruto de este árbol, ciertamente morirás.” Y si me hubieras castigado con la muerte como dijiste, entonces ahora estuviera muerto. Por otra parte, cuando me diste mandamiento sobre el árbol, Eva no estaba conmigo, no la habías creado todavía, ni había estado aún a mi lado, ni había ella escuchado su orden. Entonces, al final de la tercera hora de aquel viernes, oh Señor, me causaste un profundo sueño y estuve abrumado con aquel sueño; Entonces sacaste una costilla de mi costado y la creaste a mi propia imagen y semejanza. Entonces desperté y la vi, supe que era ella, y me dije: Ella es hueso de mis huesos y carne de mi carne, a partir de ahora será llamada mujer”
Libro de Adán y Eva, capítulo 34, apartado 10-14

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